El crecimiento de la deuda pública

El Banco de España nos alerta de que el saldo de la deuda de las Administraciones Públicas españolas, medido según el Protocolo de Déficit Excesivo, superó el billón de euros a finales del pasado mes de junio. No es algo que haya sucedido repentinamente, sino el resultado de acumular el desequilibrio de las cuentas públicas de los últimos ocho años. Tampoco parece que estemos cerca de revertir el insostenible crecimiento de la deuda de las Administraciones. El problema es que en algún momento habrá que empezar a devolverla, salvo que España quiera seguir el ejemplo de Argentina. Entretanto, el gasto por intereses exige una proporción de gasto público cada vez mayor y hace más difícil y doloroso el inevitable ajuste presupuestario que hasta ahora se ha querido evitar.

Pero el déficit y la deuda de las Administraciones Públicas no solo tiene consecuencias sobre el presupuesto público: influye –y mucho- en el acceso de las empresas al crédito y en el coste del mismo.

Os dejo aquí algunas cifras que invitan a considerar el déficit y la deuda desde otra perspectiva:

  • El pasado mes de junio, la deuda de las Administraciones Públicas prácticamente alcanzó el saldo de la deuda total de las empresas no financieras residentes en España (ver gráfico)
  • En los últimos 30 meses la deuda de las Administraciones Públicas creció en 283.473 millones de euros. En el mismo período, la financiación a las empresas no financieras se redujo en 219.107 millones de euros.

Alguno pensará que lo mismo da que la deuda sea de los gobiernos o de las empresas. Pero no da lo mismo porque la contrapartida de la deuda de unos y otros no es la misma. La deuda pública financia fundamentalmente gasto corriente, mientras que la de las empresas financia fundamentalmente inversión.

Y, por si alguien lo ha olvidado, el empleo lo crean esas empresas cuya financiación se ha reducido en dos años y medio en una cifra equivalente al 20% del PIB.

 

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Desapalancamiento

La economía española está inmersa en un proceso de reducción del colosal endeudamiento adquirido en los últimos años de la primera década del siglo. Sin duda se produjeron excesos que hay que corregir –y sacar las oportunas lecciones para evitar que se repitan- pero es pertinente preguntarse si, a la luz de los datos, el camino elegido es el más adecuado. Es evidente que la concentración de crédito en “ladrillos” alcanzó cotas ridículas (en el año 2.009, el 49% de todo el crédito bancario a las empresas se concentraba en los sectores de la construcción e inmobiliario), con consecuencias desastrosas sobre la solvencia de nuestro sistema financiero. Pero en la imprescindible corrección de semejante desatino se está produciendo un endurecimiento general e indiscriminado de las condiciones de acceso al crédito que podría llegar a poner en riesgo la incipiente recuperación del crecimiento económico y de la creación de empleo. Por otra parte, la magnitud del esfuerzo realizado por familias y empresas solo es equiparable al aumento de la deuda pública. Ahí van algunos datos para la reflexión.

Desapalancamiento asimétrico. La financiación a las Administraciones Públicas sigue creciendo a tasas de dos dígitos, en contraste con el cada vez más intenso descenso de los fondos disponibles para las empresas. El último dato disponible es el correspondiente al mes de mayo: Administraciones Públicas 19,33% vs. -7,04% sociedades no financieras. Se dice que la economía española se está “desapalancando”, pero lo cierto es que solo está reduciendo su nivel de endeudamiento el sector privado, especialmente las empresas, mientras que la deuda pública acaba de alcanzar un volumen equivalente al Producto Interior Bruto de España. La diferencia fundamental entre el endeudamiento privado y el público es que el primero se destina mayoritariamente a financiar la adquisición de activos (que pueden valer más o menos, pero activos a fin de cuentas); mientras que el segundo se destina casi exclusivamente a financiar gasto corriente, que en poco o nada aumenta la capacidad de generar recursos para devolver la deuda.

AAPP vs Empresas

En este proceso de “desapalancamiento” de la economía española, el crédito bancario a las empresas, única fuente de financiación accesible para la mayor parte de nuestro tejido productivo, ha disminuido en más de 257.000 millones de euros entre marzo de 2.009 (cuando alcanza su nivel máximo) y marzo de 2.013, lo que supone un descenso del 25%. En ese mismo período, la deuda bruta de las Administraciones Públicas aumentó en 452.754 millones de euros.

El ritmo de reducción del crédito bancario a las empresas se ha intensificado en los últimos meses: entre diciembre de 2.011 y marzo de 2.013 ha disminuido en 182.000 millones de euros. Eso significa que en poco más de un año, casi 1 de cada 5 euros destinados por las entidades de crédito a financiar a las empresas ha desaparecido sus balances. En ese mismo período, la deuda bruta de las Administraciones Públicas aumentó en más de 186.000 millones de euros.

Además, en los últimos meses se ha producido un cambio cualitativo en este particular desapalancamiento de nuestra economía. Hasta diciembre de 2.011, la reducción del crédito bancario había afectado casi exclusivamente a las empresas de construcción e inmobiliarias, protagonistas de la “burbuja del ladrillo”. Desde entonces, el crédito bancario al resto de las empresas –particularmente a las del sector servicios- se ha reducido en casi 59.000 millones de euros (-11%).

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Menos crédito bancario y más caro. Junto a la aceleración de la contracción del crédito bancario a las empresas en los últimos meses (-7% en mayo de 2.013 respecto al mismo mes del año anterior, ajustado de la transferencia de activos al SAREB), se ha producido un significativo aumento de su coste, situándose muy por encima del área euro. El aumento del coste de la financiación de las empresas no financieras contrasta con la disminución del coste de financiación de los bancos, beneficiarios de las gigantescas inyecciones de liquidez y de la reducción del coste de los depósitos en virtud de la advertencia del Banco de España en el sentido de limitar la remuneración de los mismos.

Sin alternativa de financiación. La reducción del crédito bancario a las empresas equivale a la reducción de todas las posibilidades de financiación, puesto que en España, a diferencia de otros países de nuestro entorno, no hay alternativa al crédito bancario para su inmensa mayoría. Esto es particularmente cierto para las PYMES, que constituyen el grueso de nuestras empresas. Más nos vale acelerar el desarrollo de las fuentes de financiación no bancaria, porque hoy muchas empresas españolas se encuentran en el limbo: sin acceso a los bancos y sin alternativa.

Sin perspectivas de mejora. Las entidades de crédito sufren una fuerte presión por mejorar el ratio de capital; y la forma más rápida –y fácil- de hacerlo es la contracción del crédito. El problema es que esto tiene un efecto adverso sobre el crecimiento, lo que a la postre podría producir un adicional deterioro de la cartera de créditos de los bancos y una mayor presión sobre éstos para dotar provisiones y aumentar el ratio de capital. De ahí las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional, en el sentido de instar al sistema bancario a aumentar el capital nominal, numerador de la relación entre los fondos propios y el crédito, a través de emisiones de acciones, incluida la posibilidad de que parte de la retribución a sus accionistas y directivos se efectúe en acciones. El FMI también invita a las autoridades de la Unión Europea a relajar el ritmo de devoluciones de las Entidades de Crédito españolas al Banco Central Europeo.

Para tomárselo en serio