SIZE DOESN´T MATTER

There is a widely held and long-standing belief that small and medium sized companies (SMEs) generate the most jobs, which is why most governments around the world have designed and implemented affirmative action policies to help them in recent decades.

However, over the last five years or so, a growing amount of research has begun to challenge this view. A new database, published by the US Census Bureau that makes it possible to follow the development of businesses and the jobs they create from their beginnings, shows that it is not small businesses that generate the most employment in the United States, but rather new companies.

Needless to say, new companies tend to be small; however, analysis of the age variable revealed by the data indicates that companies create jobs not simply because they are small, but because they are new.

The contribution new companies make to job creation is much higher than their contribution to the economy: they contribute just 3% of total jobs in the US economy, but create almost 20% of new jobs (Haltiwanger, Jarmin and Miranda, 2013, who reach similar conclusions to Stangler and Litan, whose 2009 study was a breakthrough). New companies also destroy jobs: almost 40% of the new positions created are eliminated within five years when those startups fail; however, the new companies that survive create employment much faster than their more mature counterparts manage to do.

In response to such new data, the OECD has conducted its own research around the world, reaching the conclusion that new companies do indeed play a big role in creating employment. A study it commissioned (Criscuolo, Gal and Menom, 2014) shows that out of 17 OECD members, as well as Brazil, companies aged five years or under make up only 17% of total employment, but contribute to the creation of 42% of new jobs.

The need to understand better this phenomenon and its contribution to generating employment will undoubtedly prompt further research around the world. It should also motivate decision makers to revise economic policies of recent decades, now that it is clear there is an inverse relationship between the size of companies and their contribution to employment.

In light of the aforementioned data, it is apparent that policies aimed at creating jobs through measures aimed at SMEs will not have much impact if they ignore the important role played by new companies. If size doesn’t matter, there is no reason for governments to continue to focus on SMEs.

Moreover, these recent findings beg the question as to what extent the current legal framework discriminates against new businesses, limiting their chances of reaching the market, consolidating and growing. This question is addressed by another recent OECD study (Calvino, Criscuolo and Menon, 2016), which looks at whether the rules of the game in different countries disproportionately favor established companies over new entrants; or to put it another way, whether new entrants to the market are up against barriers in the form of policies and conditions that add to the difficulties they already face as new businesses. The authors of the study demonstrate that new companies or startups are more vulnerable to economic policies and market conditions than established businesses, and that it is precisely the startups which compete in fast-growing sectors which are most affected. Although the key role of new companies in creating jobs has been observed in every country analyzed, there are important differences in their business dynamics (business creation, size, growth, survival, etc.), which are likely explained by local policies and conditions.

I am not suggesting the solution is to grant startups a type of support they do not receive from the market; but rather that we take into consideration new companies and revise issues they face, such as access to funding, bankruptcy procedures and contractual compliance.

El tamaño no importa

Está ampliamente extendida la creencia de que las pequeñas y medianas empresas son las que crean la mayor parte del empleo. No en vano, la mayor parte de los países han diseñado e implementado políticas específicamente dirigidas a discriminar positivamente a las empresas de menor dimensión, desde la convicción de que así se favorece el crecimiento y la creación de empleo. Sin embargo, desde finales de la pasada década vienen publicándose investigaciones que desafían esta idea tan generalizada y aportan contundente evidencia en su contra. La explotación de una nueva base de datos publicada por el U.S. Census Bureau, que permite el seguimiento de la evolución de las empresas y el empleo asociadas a las mismas desde su creación, revela que no son las empresas más pequeñas sino las más jóvenes las protagonistas en la creación de empleo en los EE.UU. Evidentemente, hay una alta correlación entre tamaño y edad (cuanto menos tiempo lleva una empresa en el mercado, más probable es que sea pequeña), pero al controlar la variable edad en el análisis de los nuevos datos disponibles, se concluye que las empresas crean más empleo no por ser pequeñas sino por ser nuevas. Efectivamente, la contribución de las empresas más jóvenes a la creación de empleo es muy superior al peso que tienen en la economía: suponen solo el 3% de empleo total de la economía estadounidense pero crean casi el 20% de los nuevos empleos (Haltiwanger, Jarmin y Miranda, 2013, que llegan a conclusiones similares a las de Stangler y Litan, 2009, los pioneros en plantear este enfoque). Las nuevas empresas presentan altas tasas tanto de creación como de destrucción de empleo: casi el 40% del empleo que crean se destruye antes de cinco años, como consecuencia de su desaparición del mercado, pero aquellas que sobreviven crean empleo mucho más rápidamente que el resto de empresas más maduras.

La OCDE, inspirada por estas sugerentes investigaciones, ha promovido el análisis de esta dinámica empresarial en otras economías, llegando a resultados similares que otorgan a la nuevas empresas una especial relevancia en la creación de empleo. Un reciente trabajo de esta organización multilateral (Criscuolo, Gal y Menom, 2014) pone de relieve que para una muestra de 17 países de la OCDE mas Brasil, las empresas con menos de cinco años de vida solo suponen el 17 por ciento del empleo total pero contribuyen a la creación del 42 por ciento de los nuevos empleos.

La comprensión de esta dinámica empresarial y de su contribución al crecimiento económico y a la creación de empleo ofrece un amplio y sugerente campo de investigación, que sin duda continuará atrayendo a investigadores de todo el mundo al estudio del impacto de la actividad de las empresas más jóvenes; pero también debiera ser fuente de inspiración para los decisores de política económica y constituir un punto de partida para la revisión de las políticas diseñadas a lo largo de las últimas décadas desde la convicción de que hay una relación inversa entre tamaño de las empresas y de su contribución al empleo.  A  la luz de los datos anteriormente mencionados, cabe afirmar que una política económica que pretenda favorecer la creación de empleo mediante la adopción de medidas dirigidas a las empresas pequeñas y medianas no puede tener un gran impacto si ignora la importancia de las empresas más jóvenes. Si el tamaño no importa, no hay razón para que los gobiernos pongan el foco en las PYMES.

Cabe también preguntarse en qué medida el marco legal existente discrimina a los nuevos proyectos de empresa y limita sus posibilidades de llegar al mercado, de consolidarse y crecer. Esta cuestión es abordada por otro reciente trabajo de la OCDE (Calvino, Criscuolo y Menon, 2016), en el que se contrasta si las reglas del juego en cada país benefician desproporcionadamente a los establecidos versus los nuevos entrantes o, dicho de otro modo, si los nuevos entrantes en el mercado se ven más afectados por políticas o condiciones del entorno que dificultan su crecimiento o que les imponen un riesgo adicional. Los autores del citado estudio muestran que las nuevas empresas o start-ups están más expuestas a las decisiones de política económica y a las condiciones del entorno que las empresas consolidadas y que son precisamente las start-ups que compiten en sectores de alto crecimiento las más afectadas. Aunque el protagonismo de las nuevas empresas en la creación de nuevos empleos es algo que se observa en todos los países donde se ha analizado, se aprecian diferencias importantes en la dinámica empresarial (creación de nuevas empresas, tamaño con el que se crean, crecimiento, supervivencia, etc) que muy probablemente se explican por las políticas y condiciones del entorno locales. No se trata aquí de brindar a las start-ups un apoyo que les niegue el mercado, pero sí de revisar cuestiones como el acceso a financiación, los procesos de quiebra o el cumplimiento de los contratos, desde la perspectiva de las nuevas empresas.

Tampoco debemos pasar por alto la contribución de las startups a la innovación. Su supervivencia en el mercado está en gran medida condicionada a su capacidad de innovar, de aproximarse al mismo con una propuesta de valor diferencial, con una forma distinta de atender las necesidades de los clientes y/o de acceder a los mismos. En aquellas que sobreviven encontraremos con toda seguridad algún componente de innovación que en no pocas ocasiones será fuente de aprendizaje e inspiración para otras empresas más maduras. No en vano, cada vez son más las empresas líderes que se apalancan en el ecosistema de start-ups para fortalecer su función de innovación. Las grandes empresas maduras ponen el foco en hacer de la forma más eficiente posible su trabajo y eso pasa generalmente por repetir y tratar de mejorar su forma de hacer las cosas. Es una tarea imprescindible, pero difícil de compatibilizar con la de innovar, que consiste esencialmente en buscar nuevos modelos de negocio y formas radicalmente distintas de hacer las cosas. Hay algunas empresas ambidiestras, capaces de hacer el trabajo de todos los días y simultáneamente pensar en formas radicalmente distintas de conducir sus negocios, pero son las menos. Una forma de resolver este dilema de la innovación es acercarse a las startups, bien sea como inversor o como primer cliente. De ahí la importancia de las nuevas empresas no sólo desde la perspectiva de la creación de empleo sino también por su capacidad de contribuir a la innovación.