Ich bin ein berliner

En unos días celebraremos el XXV aniversario de la caída del Muro de la Vergüenza que durante algo más de un cuarto de siglo separó a los berlineses. El Muro fue erigido por el régimen comunista de Walter Ulbricht con el apoyo de la Unión Soviética para evitar la emigración masiva de alemanes que preferían la libertad al paraíso socialista. Casi dos años después de que se levantara el último y más cruel tramo del Telón de Acero, el presidente estadounidense John F. Kennedy pronunció en Berlín el que quizá sea su mejor discurso y del que se recuerda, sobre todo, la siguiente afirmación: “Soy un berlinés”. Con aquella frase, que repitió varias veces a lo largo de su intervención, Kennedy expresaba, ese 26 de junio de 1963, el orgullo de pertenencia al mundo libre. “Todos los hombres libres, allá donde vivan, son ciudadanos de Berlín”. Alemania y las naciones de Europa habían sido liberadas del totalitarismo nazi; pero millones de alemanes y de europeos escaparon de la sartén nacionalsocialista para caer en el fuego del totalitarismo socialista. Y era allí, en Berlín, donde de la noche a la mañana se separó a familias, amigos y compañeros de trabajo; donde, la herida era más visible y dolorosa.

“Hay mucha gente en el mundo que no entiende realmente, o dice no entender, cuál es el gran conflicto entre el mundo libre y el comunismo

Dejarles que vengan a Berlín

Hay quien dice que el comunismo es el futuro

Dejarles que vengan a Berlín …

… La libertad presenta muchas dificultades y la democracia no es perfecta. Pero nunca hemos tenido que construir un muro para encerrar a nuestra gente y evitar que se vayan”.

Ya nadie defiende el Muro de la Vergüenza. Su desmoronamiento, que lo fue del socialismo en Europa, puso al descubierto las mentiras de la propaganda soviética con tanta crudeza que las voces que lo habían justificado desde el mundo libre, a quienes Kennedy invitaba a visitar Berlín, se silenciaron. Esas mismas voces y otras más actuales continúan defendiendo y justificando regímenes totalitarios como el de Cuba o Venezuela amparados en el derecho a la libertad de expresión que les garantizan las democracias liberales que tanto detestan.

Sí, nuestra democracia no es perfecta pero en España no se asesina a los estudiantes universitarios que salen a la calle a protestar, ni se encarcela a los líderes de la oposición.

Otro Presidente de los Estados Unidos de América nos advirtió que el precio de la libertad es su eterna vigilancia.

Feliz celebración de la caída del Muro de la Vergüenza.

Y cuiden de su libertad. Es el precio que tienen que pagar por ella.

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